
Ayer se cumplieron 35 años de “Adios Sui Generis”, la despedida del grupo liderado por Charly García y Nito Mestre en el estadio porteño Luna Park, que significó un hito fundante para la institucionalización del rock en la cultura argentina.
La sorprendente convocatoria que generó la disolución del dúo y que acabó reuniendo a cerca de 30.000 espectadores y motorizando la edición de un álbum y un filme que retrataron aspectos de esa larga noche con dos funciones, marcaron un acontecimiento esencial para demostrar la relevancia del rock en la música local.
Las canciones sencillas e inoxidables urdidas por el temprano genio de García y expresadas por la personal voz de Mestre consiguieron potenciar un movimiento musical que venía batallando por las márgenes de la escena.
El camino de Sui Generis se inició en 1972 con
Vida (1972) donde a piano, flauta y voz, la pareja registró obras que han trascendido al tiempo como
Canción para mi muerte, Necesito, Mariel y el Capitán, Quizás por qué y
Cuando comenzamos a nacer , todo un repertorio que sumó nuevos y jóvenes adeptos a un género volcado a lo eléctrico.
Ya con el más elaborado
Confesiones de invierno (publicado un año después y conteniendo, además del tema que le da título, otras fuertes presencias por `
Cuando ya me empiece a quedar solo, Bienvenidos al tren, Rasguña las piedras, Aprendizaje, Mr. Jones y
Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no , Charly y Nito afianzaron su presencia y ganaron en consideración.